La  jornada  del  día  domingo  resultó  en  toda  una  caja  de  gratas  sorpresas. Mientras   las   primeras   horas   el   escenario   principal   mostró   una asistencia incipiente, las tarimas Bio y Eco rebosaban en una audiencia ávida de diversión, una  sed  que  no  tardó  en  encontrar  alivio.

El  dolor  del  melómano  que  asiste  a festivales con tarimas simultáneas reside en no poder ver todo lo que quisiera, el tiempo  que  quisiera.

Es  así  que,  desprovistos  del  don  de la  ubicuidad,  hay artistas  interesantes  que  se  nos  quedan  por  fuera  del  resumen, pero  nos  la jugamos de nuevo por contarles a continuación lo ocurrido con muchos de ellos.

Los  parlantes  se  encendieron  en  los  tres  tablados  para  un  experimento  con  el que IDARTES fija su mirada en los centros locales de formación. Roots of Rock en   Plaza,   Tijax   y   Valentain en   Bio,   y   The   Feedback   en   Eco,   todas agrupaciones  con  un  alto  componente  juvenil  y  femenino,  fueron  los  primeros beneficiados de una idea que busca incentivar los procesos creativos a través de un  cupo  directo  a  la  tarima  más  codiciada  del  país.

Las  bandas  aprovecharon sus  momentos  y  en  casos  como Valentain  fueron  recibidos  con  cariño  y recompensados  con  una  respuesta  favorable;  una  iniciativa  que  bien  vale  la pena fortalecer a futuro.

Obedeciendo  al  intercambio  con  el  festival  Altavoz  de  Medellín,  los  paisas Antised aterrizaron en la Plaza para un intachable despliegue de hardcore punk. La  banda  se  desempeñó  con  una  solvencia  que  seguramente  le  significará nuevos adeptos entre el público de la capital, excelente presentación.

Al tiempo en  Eco,  los  locales Enepei ponían  el  tinte  cotidiano  de  rock  n’  roll  en  el  que pinceladas de  distintas  vertientes  aparecen para aportar a  su  sonido,  con lugar incluso para que una pareja de bailarines de cumbia subieran a escena durante un aplaudido show.

Bajo  un  sol  calcinante  la  agrupación  de  gypsy  punk La  Vodkanera  brilló  ante una audiencia ya numerosa que pogueó y disfrutó la riqueza de un sonido lleno de  vitalidad  y  convicción.  Atrás  había  quedado  la  reñida  convocatoria,  y  como ganadores  ofrecieron  un  espectáculo  vibrante.

Esto  ocurría  en  Bio  mientras Como  Asesinar  a  Felipes retaba a la Plaza con una propuesta de vanguardia. Los chilenos, con la reputación de una de las bandas más trasgresoras de esta parte  del  globo,  pendulan  entre  el  avant  garde  rock,  el  rap  y  la  presencia  de vientos  astutamente  tratados  para  hilar  un  sonido  ciertamente  original  que encontró acogida en muchos de los oídos que a esa hora atendían al escenario principal.

Acto seguido Estado  de  Coma retomó el sonido de las guitarras más pesadas. Practicando  un  hardcore  robusto, los  dúo  de  vocalistas  exigieron  acción  en  los circle pits al frente de un ataque continuado por parte de la agrupación invitada desde  Cali  que  contó  con la aprobación  de la  Plaza.  Entre  tanto,  una  auténtica fiesta con lleno total se vivía en Bio de la mano de los gauchos Los  Caligaris.

Nubes  de  polvo  se  levantaban  como  testigos  del  movimiento  permanente  que ocurría como respuesta al bello espectáculo de ska punk y reggae brindado por la festiva formación que incorpora además elementos del clown en su show.

Sin duda uno de las mejores y más celebradas apariciones del día.Haciendo gala de toda su historia dentro del hardcore punk y su vocación melódica, H2O  desde  Estados  Unidos  consiguió  una  efervescente  acogida  en  elEscenario Plaza que coreó sin parar canciones como “Nothing to Prove” en uno de  los  puntos  altos  de  la  jornada.

A  los  neoyorquinos  les  siguieron Blessed Extiction de buen desempeño en escena y reclamando de vuelta el trono para el  metal  sobre  esta  tarima  con  su  estilo  muy  groove  de  death  metal.  Los bogotanos  se  reforzaron  en  una  canción  con  el  cantante  de  la  formación  local Solegnium  y  tuvieron  tiempo  para  obsequiar  una  versión  de Raining  Blood,  clásico de Slayer.

La brutalidad continuó su ataque con la presencia de Carnivore Diprosopus, de pasaporte colombiano pero radicados en España desde donde han logrado  hacerse  a un  nombre  en  el  exigente  circuito  europeo,  en  donde  el tricolor  ha  ondeado  orgulloso  según  palabras  de  la  misma  agrupación.

La brutalidad   inflexible   de   su   estilo   se   paseó   con   suficiencia   entre   baterías ametrallantes   y   rugidos   despedidos   sin    misericordia;   una   presentación impecable.

Controvertidos  por  unos  y  esperados  por  muchos,  Los Rolling  Ruanas se aseguraron de brindar a sus seguidores presentes en Eco un concierto en el que brillaron  sus  capacidades  como  arreglistas  e  intérpretes;  seguidos  por  los capitalinos 8Bits   Memory   quienes   regresaron   a   Rock   al   Parque   con   su inquebrantable  concepto  basado  en los  juegos  clásicos  de  Nintendo  y  un  estilo que combina aspectos del avant garde, Djent y música electrónica.

Nunca  antes  una  banda  proveniente  de  la  lejana  China  puso  su  nombre  en  el afiche de Rock al Parque, y lo que habría podido ser mera anécdota, terminó por convertirse en uno de las experiencias musicales más sublimes en los 23 años del  festival.

Zhaoze  desde  Eco  pintó  para  los  bogotanos  paisajes  sonoros  de una  profundidad  conmovedora,  enmarcados  en  un  estilo  en  el  que  el  rock progresivo,  el  ambient  y  la  música  tradicional  china  se  articulan  de  manera  tan original y profunda que nadie en la concurrencia fue indiferente ante el reto que proponían los cuatro músicos en tarima. Aquí hay que conceder un alto crédito a la curaduría del festival que se la jugó por complacer a un público en busca de descubrimiento por encima del baile o el pogo, para quienes Zhaoze resultó todo un premio. Entre  tanto  el  Escenario  Bio  era  testigo  de  una  interesantísima  relectura  del reggae de la mano de los argentinos Sig  Ragga.

Cortando de raíz con su estética  escénica,  pero  manteniendo  el  cordón  umbilical  con  su  sonoridad,  la  voz aflautada recitaba letras que deambulaban entre lo romántico y lo críptico a través de hábiles melodías, un infalible planteo armónico y un confiable piso rítmico. Pese a que lo calculado del show, que rayó en lo teatral, afectó en cierto modo

la interacción con el público, la banda vestida de riguroso blanco supo propinar un  espectáculo  musical  hipnótico,  armados  con  la  autoridad  de quien  sabe  lo que   hace.   Seguidamente, Elkin   Robinson   desde   Providencia   se   plantó seguidamente en escena junto a su banda como quien se dispone a dar un show en  un  bar.

Auténtico  y  talentoso,  Robinson  y  su  corte  ofrecieron  un  bonito concierto con olor a brisa de mar en clave de root, dejando el ambiente listo para el cierre a cargo del español Macaco. Los llamados a poner la guinda en el pastel, la agrupación de Tampa Obituary, tomaron  posiciones  cuando  el  reloj  marcaba  las  9  en  punto.

Apartándose  del exceso de tecnicismos que abundan en algunas corrientes del género, el death metal  que  practica Obituary  es  un  ataque  sonoro  sin  concesiones,  de  riffs aplastantes  mientras la  abyecta  voz de  John  Tardy llama  al  caos  en  canciones de  cada  uno  de  los  capítulos  de  treinta  años  de  servicio  a  la  música  extrema como  “Ten  Thousand  Ways  to  Die”,  “Don’t  Care”,  “Slowly  We  Rot” y  “Deadly Intentions”. Categórica presentación de una banda incorruptible cuyo sello quedó plasmado en un público que les ovacionó de principio a fin.

El  clima  estuvo  de  lado  de  todos  y  el  ambiente  en  torno  a  la música  y  las actividades del segundo día de la versión número 23 de Rock al Parque lució de igual  manera  fantástico.  La  tercera  jornada  augura  la  presencia  de  una  paleta igualmente variada, así que arme su itinerario y no se quede al margen!

Fabián Esteban Beltrán

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