Con 23 ediciones a cuestas, ya es claro a este punto que es el público de los sonidos fuertes el que con mayor convicción se congrega en torno al cartel y este año no ha sido la excepción. A continuación nos permitimos revisar lo más destacado del primer día, con un balance, caída la noche, de lleno total en la Plaza de Eventos del Parque Metropolitano Simón Bolívar.

Con su EP “Usqua Quyca” recién puesto en la calle, los locales Umzac se plantaron sobre el Escenario Plaza para dar inicio a una nueva edición de Rock al Parque. Pese a dificultades de tipo técnico y una mezcla por momentos desfavorable, la numerosa banda propuso un cuidadoso planteo armónico, incorporando ritmos tradicionales colombianos con pertinencia y buen gusto, trayendo a bordo tiple y bandola y arrancando aplausos a una incipiente concurrencia.

Una banda con mucho que ofrecer. Mientras tanto en el Escenario Bio, Cobra se sacó la espina ante un público que orgulloso mostró su apoyo al power trío mientras este propinaba uno de los mejores conciertos del día, haciéndose gigantes sobre una tarima a la que nunca fueron inferiores.

Una dosis directo a la yugular de speed metal, taches y alcohol, toda una oda a su larga trayectoria en la que nunca han dejado de cosechar seguidores a lo largo del país. Una deuda saldada con creces. Desde Cartagena, Fenix propuso un sonido cargado de esa actitud tan “in your face” reminiscente de bandas como Sepultura (por momentos demasiado) y Machine Head.

La presentación arrancó los primeros pogos en la Plaza pero se vio abruptamente interrumpida por un fallo en el flujo eléctrico que tardó un tiempo considerable en ser solucionado. Un show agridulce de una banda que trató de conquistar a la capital con un sonido unidimensional y predecible, pese a su tesón escénico.

Simultáneamente, la tarima contigua recibía a Ekhymosis desde tierras paisas. Pese al innegable peso de discos como “Niño Gigante”, el presente de la banda palidece en comparación, si bien nunca se puede subestimar el poder de canciones radiadas como “Solo”, celebradas con entusiasmo por el público que a esa hora se congregaba en Bio.

La banda se despidió entre aplausos pero dejando la sensación de que su regreso tiene aun mucho que demostrar. La tercera tarima entre tanto abría sus puertas para otra interesante fusión entre sonidos pesados y la riqueza de la herencia colombiana.

Head Tambó brindó un espectáculo lleno de alma, gratamente recibido por una audiencia que se dejó contagiar por el llamado de los tambores. Le siguieron los representantes del “metal medallo” Organismos, fieles a su estilo que encontró buena acogida entre el público capitalino.

De regreso a la Plaza nos encontramos con una banda que ha retomado actividades. Se trata de Brand New Blood que, como su nombre lo sugiere, ha buscado matricularse y consolidar su propuesta dentro de las nuevas corrientes de música pesada.

Aunque el público pareció preferir los otros escenarios a aquella hora, Brand New Blood también fue recompensado con remolinos humanos y una respuesta cálida de los asistentes. Por las pasiones que despierta la banda, la de Poker era una de las presentaciones en torno a la cual existía una expectativa especial.

El trío femenino puso sobre la mesa sus mejores cartas, con música del primer EP y material de su nuevo larga duración, reservando tiempo también para un cover de “World Painted Blood”, original de Slayer. Quizás quienes las odian las odiarán igual, y quieres las aman lo seguirán haciendo, pero a quienes se relamían por verlas caer, las chicas de Poker se han dado el lujo de decirles “no el día de hoy”.

Las acciones en el Escenario Bio continuaron de la mano femenina. Las brasileras Nervosa, capitaneadas por la bella Fernanda Lira, despacharon un show convincente y entregado con el que refrendaron el aprecio creciente por parte del público colombiano.

Al tiempo, en el escenario principal, una aplanadora llamada Heaven Shall Burn se adueñaba del escenario en una muestra notable de precisión y buenos oficios escénicos. Destacada presentación de los alemanes que hablan claro sobre los nuevos tiempos que corren para la música extrema.

El Escenario Eco entre tanto albergaba una propuesta de metal tradicional desde Pasto. Alcoholic Force fungía como banda invitada pese a no ser un nombre familiar para buena parte de la escena bogotana que, cabe resaltar, cumplió y acompaño a los nariñenses en su apuesta por el metal a la vieja usanza.

Acto seguido otro estandarte del ultrametal ponía el cierre en esta tarima: los paisas Reencarnación brillaron a través de su inteligencia lírica, su oscuridad y su peso histórico dentro de las páginas del metal hecho en Colombia. Piolín y su corte cumplieron a cabalidad con un show de alta factura.

Un momento ansiado era sin duda la presentación de Darkness, con un nostálgico pero poderoso aditivo: una de las agrupaciones insignias del metal en Bogotádaría su último show luego de casi tres décadas de lucha constante. Como se anticipaba, el show resultó emotivo y lleno de agradecimientos, así como el reclamo al público para que vuelque su mirada sobre las bandas locales.

Entre canciones de sus clásicos “Espías Malignos”, “Soberanía, Soberana Ironía” y material más reciente de “Guerrofobia”, Darknessbajó el telón interpretando su himno “Metalero” ante un atestado Escenario Bio que coreó su nombre como muestra de agradecimiento a años de música e influencia. Continuando con la tendencias de corte moderno, en el Escenario Plaza se presentaba Dead Silencemientras Darkness decía adiós en la tarima vecina.

Presentando un death metal dinámico y más anclado al sonido tradicional con respecto s sus predecesores, Dead Silence cumplió ante la Plaza que ya lucía una copiosa asistencia y energía al tope para acompañar a una de las bandas ganadoras de la convocatoria; que fueron sucedidos por los esperados Occultus desde la capital del Valle.

Con el cuarto creciente como testigo, las impenetrables atmósferas propuestas por los teclados cautivaron a la audiencia que se dejó llevar por un concierto cargado de oscuridad, que tuvo su epítome en la interpretación de su clásico “Lágrimas Negras”.

Otro momento de gran emoción se vivió en la Plaza gracias a la proyección de un video homenaje al titán Elkin Ramirez, tristemente fallecido tras una tenaz lucha contra un tumor cerebral. Ambientado por las notas de “Lenguaje De Mi Piel”, el breve pero sentido homenaje puso a miles de personas a corear el nombre del desaparecido líder de Kraken en un grito elevado a lo más alto.

Mientras tanto en Eco, Herejía retornaba a Rock al Parque luego de años de ausencia. Renovados en sus filas y estrenando su álbum “Renascentia In Tenebris”, el conjunto de corte sinfónico lució compacto y maduro sobre el tablado, logrando una masiva reacción favorable en torno a su show en el que obsequiaron además un cover de “Mourning Palace” de Dimmu Borgir.

Un regreso con altura. Por su parte Vein tomó por asalto la tarima principal y dejó escrito en carboncillo su nombre que despunta como una de las propuestas más valiosas del panorama nacional actual. Su inteligencia compositiva, el elemento visual a cargo de Iván Chacón y la persuasiva puesta en escena pusieron a sus pies a las miles de almas que abarrotaban el Parque Simón Bolívar.

Con un sonido que péndula hábilmente entre el groove y el death metal, Vein supo aprovechar su momento para ponerse definitivamente en el mapa de las agrupaciones que vale la pena seguir de cerca. Soberbia presentación.Desde su regreso con “Relentless Retribution”, los sobrevivientes del Bay Area Death Angel no han hecho más que mejorar.

Su carisma y entrega en tarima sumadas a la relevancia de su música resultan en uno de los espectáculos más vibrantes y honestos del metal en la actualidad. Death Angel es una banda que disfruta lo que hace, no hay truco ni discursos aprendidos, solo thrash metal de alto octanaje.

Además de clásicos de discos como “Ultra Violence”, los filipinos desenfundaron buena cantidad de material nuevo representado en su reciente placa “The Evil Divide”, alabada de forma unánime por los fans y la crítica. También rindieron honores a los seminales Black Sabbathofreciendo una versión de “Falling Off The Edge of the World”.

Un show magnífico que salda la deuda de Death Angel con Bogotá y viceversa. Un día lleno de buenos conciertos vio posarse sobre el Escenario Plaza a un tren llamado Lamb of God para servirle de pertinente cierre. Con un emocionado Randy Blythe al micrófono, la banda de Richmont agarró al público de Rock al Parque por la garganta y no lo soltó hasta sacudir todo arresto de energía. El gran Chris Adler dio cátedra de precisión tras la batería mientras sus compañeros en las cuerdas hicieron temblar literalmente el piso.

Desfilaron por allí canciones infaltables como “Laid to Rest”, “Walk With Me In Hell” y “Now You’ve Got Something To Die For” junto a temas de su bien recibido “VII: Sturm und Drang”, la redención del cordero luego de tiempos turbulentos luego de la muerte de un fan en República Checa.

Un show sin grietas que pasará a la historia como uno de los mejores cierres en la historia del festival. Con dos jornadas aun por escribirse, la vigésimo tercera entrega del evento gratuito más grande de América Latina avanza por buen camino.

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